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Sunday, 1 February 2015

Dominic West: mucho mas que McNulty

Todos conocemos a actores encasillados en sus papeles, a los que difícilmente podríamos ver siendo otro personaje diferente al que les ha hecho famosos. Luego ya depende te tu calidad de actor para poder desligarte de tu alter ego. No todos pueden ser Bryan Cranston, William H. Macy o Katey Sagal, claro.

Y a Dominic West le podría haber pasado perfectamente gracias a su papel del honesto y  estupendo McNullty de la nunca excesivamente valorada “TheWire”. El telespectador tiene la tendencia a buscar un protagonista en sus series donde focalizar su atención, y a pesar de que “the wire” es la serie “coral” por definición, ese role recayó en él. Y no creo que fuera algo beneficioso. A mi parecer hay más de un puñado de actuaciones mejores y más jugosas que la suya, desde Sonja Sohn como Kima Greggs o Idris Elba y su magnífico Stringer Bel o Michael K. Williams (ese Omar Little silbando…) o Aidan Gillen (ahora en GOT). Creo que West, estando muy bien, no destaca tampoco demasiado ante el inagotable talento que le envuelve.













Durante la existencia de “the wire”, West, se paseó por “Chicago” (con un meritorio papel), por “300” (todavía recuerdo ese “no será rápido, no te va a gustar, no soy tu rey”) o “la sonrisa de mona lisa” o "Punisher". No he visto “the pride”, una película muy “british” sobre los inicios del movimiento gay en UK de 2014.  Pero francamente se puede concluir  que su perfil no está preparado ni diseñado para la gran pantalla.

Tuvo que llegar el 2011 para lo que se puede considerar su explosión interpretativa con “the hour” y sobre todo “appropriate adult”.

Hacía tiempo que tenía pendiente ver esta última, una miniserie sobre los asesinatos en serie  perpetrados entre los 70 y 90 por Fred and Rosemary West (esa coincidencia de apellido es inquietante). Dominic West, interpreta al protagonista, el asesino en serie Fred West, que torturó y mató a al menos 11 muchachas.













Con el corazón encogido y los pelos de punta, no puedo dejar de ver a Dominic durante los 10 primeros minutos de la miniserie. Algo tremendo: su forma de hablar, su frialdad…Tal vez por estar rodeado de un nivel general espectacular (Emily Watson a la cabeza) o porque el papel era un caramelito, pero la actuación de Dominic es tan portentosa como aterradora. En esta le dieron el BAFTA por delante de Benedict Cumberbatch en Sherlock (que ya era bastante)

Tal vez la interpretación de West me impresiona más al haber leído una entrevista de la hija del asesino en la que hablaba de lo espeluznante que era el parecido del actor con la esencia demoníaca de su padre, en sus gestos y en su carácter. La realidad es que borda el papel.

También lo hace en “the hour”, en la que valoro el desarrollo que da al personaje, pasando de no pintar demasiado en el programa y en la toma de decisiones a ser la piedra angular alrededor de la que orbitan gran parte de las tramas. Me gusta mucho su papel de mujeriego, aparentemente sin mucho cerebro y completamente alcoholizado, con una vida que no le satisface y envuelto en un entorno mucho más excitante y en el que se siente bastante mas pleno.



















Y esto enlaza con su último papel hasta ahora en “the affair”, (ganadora del globo de oro a mejor drama, globo de oro a mejor actriz a Ruth Wilson y nominación a Dominic West incluida), donde tiene un papel parecido: marido hastiado que conoce a recurrente camarera.

La serie se me ha quedado corta. Me parece realmente estupenda y ágil, dentro de una temática más que manida. Su originalidad radica en la manera de contar el lio desde el recuerdo de los actores principales. Es muy curioso ver como los mismos hechos, las personas con las que se relacionan o incluso la ropa que llevan y las actitudes que tienen, los ven desde diferentes ángulos, diametralmente distintos. Seguramente como hacemos todos. Tratando de vernos mejor de lo que somos.



Dominic West me parece tanto o más convincente que Ruth Wilson, premios  aparte, y es una gozada ver como explota su personaje con una naturalidad asombrosa. Francamente lo único que se puede reprochar es su forma de andar y de correr, lo cual lo dice casi todo de su trabajo.


Habrá los que le achacarán falta de ambicion o compromiso  por hechos como rechazar el papel de Mance Rayder en GOT (ahora en poder de Ciarán Hinds) por no pasar 6 meses en Islandia separado de su familia o por autodescartarse en ser James Bond tras la salida de Pierce Brosnan, pero para mi será el personaje que supo matar a su alter ego para ser mejor actor.





Monday, 4 November 2013

El año en el que empezamos a vivir peligrosamente

El año 2002 fue un gran año. Ese año nacieron dos de las series que más me han impactado, y que en los últimos años me han convertido en un defensor de la ficción televisiva de calidad frente a la decadencia del cine actual (salvo honrosas excepciones). Las dos series llegaron a la vez en el año 2002 y ambas son policíacas, pero bajo diferente prisma alcanzaron la excelencia: estoy hablando de The Wire y The Shield.

The Wire, palabras mayores. La para muchos, mejor serie de todos los tiempos, constituyó junto con Deadwood, mi catarsis televisiva. Me acerqué a ellas tras oír maravillas del crítico Carlos Boyero (que aunque sea un poco gilipollas suele coincidir en mis gustos), y quedé fascinado. A The Wire hay que darle unos capítulos de margen para que te atrape, pero acabas la primera temporada deslumbrado. Con un ritmo pausado, describe el trabajo policial y de los delincuentes con precisión, como nunca habíamos visto hasta la fecha. No son los típicos capítulos de series policíacas, donde cada uno es independiente del siguiente y las ideas se agotan pronto. Con minuciosidad conocemos las mezquindades de la burocracia policial, política, de la prensa y del sistema educativo, donde en muchas ocasiones sus protagonistas son tanto o más mezquinos como los criminales contra los que intentan combatir.


The Wire va desarrollando todos sus personajes convirtiéndolos en inolvidables, desde el desastroso y tenaz McNulty, el meticuloso y sabio Lester Freamon, el asombroso homosexual delincuente que paraliza el tiempo cada vez que entra en escena, Omar Little, y sobre todo el gran Stringer Bell. Desde el primer momento nos cautivó el narcotraficante con la impresionante planta de Idris Elba (grande el inglés hablando la jerga de los narcotraficantes de Baltimore) dando vida a Stringer Bell, que lleva su negocio como si se tratara de un empresa de Wall Street, acudiendo a la Universidad de Business Administration para obtener los conocimientos necesarios para gestionar el imperio del narcotráfico en Baltimore.

The Wire supuso una revolución para mí, algo nunca visto. A lo largo de la primera temporada nos describe con precisión milimétrica y gran realismo el trabajo policial de escuchas telefónicas para desmantelar la intrincada red que maneja el narcotráfico en Baltimore, así como la labor de los delincuentes para evitarlo. Posteriormente se introduce en los pantanosos terrenos del poder con el mismo resultado.
The Shield es testosterona pura, al más puro estilo Michael Mann. Si The Wire es una obra coral, The Shield no se entiende sin Vic Mackey. Michael Chiklis se transforma física y mentalmente en la magnética y brutal figura del corrupto jefe de la tropa de asalto de una comisaría del conflictivo barrio de Farmington, en Los Angeles. En este caso, desde el impresionante capítulo piloto, la serie te atrapa y mantiene un ritmo frenético en la espiral destructiva de su protagonista, al que amas y odias a partes iguales. Si piensas que la idea se va a agotar pronto te equivocas, y cuando Vic sale de un charco, se mete en otro más grande aún.

Al principio piensas que es la típica serie de polis, pero va creando unos personajes con una hondura increíble, en los que la frontera entre el bien y el mal no existe, como el del paleto Shane Vendrel, odioso durante en toda la serie, y que en unos míticos capítulos finales adquiere gran profundidad. Todos los secundarios aportan y crean grandes historias, desde el intimidante John Kavanaugh encarnado por Forest Whitaker, la hábil capitán Rawling, a la que da vida Glen Close, incluso el mezquino capitán/concejal David Aceveda. The Shield avanza cada temporada y en sus últimos capítulos se convierte en un tour de force adrenalínico, que no sabes en ningún momento por donde va a derivar, y que acaba en un magistral final con un escalofriante plano mantenido de su protagonista.
Ambas series han entrado por derecho propio en el top de series inolvidables, sobre todo por transformar y revolucionar un género en el que parecía que todo estaba inventado y era previsible. Gracias David Simon y Shawn Ryan. Envidio a los que todavía no hayan disfrutado de ellas.

Wednesday, 16 October 2013

Siempre me gustaron los malos

Siempre he tenido predilección por los malos.

Desde que tengo uso de razón siempre he tenido afinidad por el malo de los cuentos, de los dibujos animados, de las películas o de las series de televisión. La magnitud del villano es directamente proporcional a la calidad de la totalidad del producto, incluso por encima de la importancia del protagonista de turno, que suele ser el guaperas o cachas de rigor. En la filmografía tenemos ejemplos a raudales. “El silencio de los corderos” pasó a la historia gracias a la interpretación de Anthony Hopkins del mítico Hannibal, y todos nos alegramos cuando se escapaba de la jaula en la que estaba prisionero  escuchando las Variaciones Goldberg después de comer chuletas de cordero muy crudas; de las películas de James Bond no nos acordamos de la trama, sino del villano de turno (Madds Mikkelsen en Casino Royale lo bordaba), lo mismo con las películas de “La jungla de Cristal” cuyas mejores muestras eran las que contaban con villanos de la talla de Alan Rickman y Jeremy Irons; me vienen a la cabeza mil ejemplos más como el del imperial Lord Darth Vader, el Keyser Soze de “Sospechosos habituales”, el Sargento Burns de “Platoon” o mi admirado Rutger Hauer en “Blade Runner” (“he visto cosas que no creeríais…”).

Pero en este blog hablamos de series, y lo que pretendo es recordar algunos de los villanos más importantes que nos han dado las series, en las que la importancia del mismo es mucho más decisiva todavía. No incluyo en este ránking a protagonistas de series con tendencias malignas porque no les considero villanos y antagonistas del héroe, por ejemplo Walter White, Dexter, Tony Soprano, Hannibal, Nucky Thompson… Como se suele decir: no están todos los que son pero…

1. Diane (“V”)

 


No podemos olvidar a la gran Diane de “V”. Quién no tenía en su carpeta una pegatina de la revista Teleindiscreta de su figura. La serie lo tenía todo, y la gran Diane era una villana a la altura, aportando maldad y sensualidad a raudales. Nadie se acuerda de la rubia que salía con Donovan sino de Diane comiendo roedores. Su escena comiendo el ratón impactó a una generación:
 


2. Hackman (“Corrupción en Miami”)

 


La serie que revolucionó la televisión en los años 80 aportó grandes villanos en muchos de sus capítulos, pero creo que el más grande de todos fue Hackman. En el capítulo “Perdona nuestras ofensas” Hackman estaba en el corredor de la muerte gracias a la detención de Crockett, y convence a éste último de su inocencia, removiendo Roma con Santiago hasta que consigue exculparlo. En la última escena del capítulo, Sony lo espera en la salida de la cárcel y observa atónito como le confiesa que cometió los asesinatos y preparó su coartada (todo ello con la magistral música de Peter Gabriel de fondo). Tras esta conmoción, a Hackman no lo volveríamos a ver hasta el capítulo “Líbranos del mal”, en el que se carga en el escenario a la mujer rockera de Crockett, y éste lo ejecuta en una última escena demoledora:


 

3. Stringer Bell/Omar Little (“The Wire”)

 



La serie de culto por excelencia será recordada sobre todo por sus grandes personajes. Idris Elba con su imponente físico e inteligencia creó un personaje antológico que nos dio pena despedir, y las apariciones del Loco Omar silbando con su escopeta recortada te helaban la sangre. Nunca un homosexual metió tanto miedo soltando sus frases lapidarias: “si intentas matar al rey, no falles”.


4. Gyp Rosetti ("Boardwalk Empire")

 


Nunca un Emmy fue tan justo. La recreación de Bobby Cannavalle generaba adoración y repulsión a partes iguales, con escenas de sexo y violencia (el travelling cenital de los asesinatos en el pasillo a lo “Taxi Driver” es antológico). El personaje se adueñó por completo de la tercera temporada de la serie, siendo hasta la fecha la mejor de todas.

5. Jon Kavanaug (“The Shield”)

 


En la serie en la que todos los personajes tenían su lado oscuro y repulsivo brilló con luz propia Forest Whitaker como policía de Asuntos Internos obsesionado con acabar con Vic Mckey, terminando tan bajo como los policías a los que perseguía. En una serie en la que no hubo bajones en su gran nivel, la temporada que contó con Whitaker alcanzó cotas impresionantes. Los cara a cara entre los dos personajes destilaban testosterona y mala leche a raudales.

6. Gus Fring (“Breaking Bad”)

 



Tenía la imagen de Giancarlo Espósito haciendo de pandillero hispano en películas y series, así que la irrupción de su personaje hierático en “la serie” fue una sorpresa descomunal. He leído que al principio iba a ser un rol breve, pero que tomó protagonismo gracias a su insistencia. Si su presentación en “Los pollos hermanos” fue inquietante, su despedida en “Face off” nos dejó sin aliento.

7. Trinity (“Dexter”)

 


John Lithgow tiene cara de chalado, y a lo largo de su carrera tiene abundantes papeles de malvado. Sin embargo con Trinity consiguió un personaje inolvidable, adquiriendo la serie una dimensión que nunca volvería a conseguir. Su “hello, Dexter Morgan” intimidaba incluso a nuestro forense favorito.

8. Mr. Burns (“Los Simpson”)

 


No puedo despedir este ranking sin mencionar al gran Sr. Burns, sin el que Homer no sería lo mismo. Él y Smithers forman una pareja inolvidable en la iconografía popular.

Seguro que en el tintero se quedan muchos. No he incluido a Joffrey Baratheon porque le tengo mucha manía. Espero vuestras sugerencias y tened cuidado con vuestro lado oscuro…